Heridas de guerra

Que nadie se asuste, pero estoy magullado. Por primera vez desde que entreno, los daños son superficiales. Hasta el momento, apenas había sufrido algunas molestias, pequeñas lesiones musculares. Nada sin demasiada importancia. Lo de ahora tampoco es que revista mucha gravedad, pero es más aparatoso.

Como sabes, entre correr y pedalear hay claras diferencias. La más obvia es que una actividad la practicas sin necesidad de elementos mecánicos mientras que para la otra necesitas ese artefacto llamado bicicleta. Con ella, lógicamente, puedes alcanzar velocidades más altas que con la simple impulsión de tus piernas. Y eso hace que cualquier caída te provoque estas heridas de guerra de las que hablo.

Mi muslo derecho presenta un aspecto desagradable, todo hay que decirlo. Un color entre morado y verde, fruto del hematoma que me provoqué hace unos días. Y mira que el accidente fue de lo más fortuito, por no decir estúpido: en mi casa, montado en la bici. Como todavía no estoy demasiado avezado con los pedales automáticos, me puse a probarlos con la bici apoyada en la pared. Pero perdí el equilibrio y a partir de ahí todo sucedió a cámara lenta: fui viendo perfectamente cómo iba cayendo, y al mismo tiempo pensaba que tenía que sacar la bota del calapié. Pero mi cerebro no fue capaz de mandar la orden lo suficientemente rápido como para evitar el señor trompazo que me pegué.

Una escena ridícula, sí, la mía levantándome. Aún no había estrenado la bicicleta en la carretera y ya daba con mis huesos en el suelo. Con este precedente, imagínate la que podía armar cuando saliera a rodar. Afortunadamente, todo salió mucho mejor que en este experimento casero y fui cogiéndole el tranquillo tanto a los pedales, como a la postura y al ritmo.

Al llegar a casa, después de una hora y cuarto, comprobé que había rodado 30 kilómetros, un poquito más lento de lo que tengo previsto hacer en el Desafío Doñana. Pero, para ser la primera vez con esta bicicleta, no estaba nada mal. Lo único malo, estas heridas de guerra que ya están cicatrizando. Son las primeras, pero no las últimas.

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2 respuestas a Heridas de guerra

  1. Juan Manuel Sánchez dijo:

    Pues ya es mala suerte tener el accidente con la Orbea en casa

  2. Bueno, yo creo que es buena suerte. Mejor en casa que en la carretera. Yo firmaba tener muchos de esos antes que uno rodando.

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