Lo que te hace grande

Uno de los grandes hallazgos de estas últimas semanas es una especie de matrioska. Como si de una muñeca rusa se tratara, hace un mes descubrí Algeciras, en su interior estaba Garri y más adentro una canción que él me reveló. Estaba casi escondida, solo había que hurgar hasta encontrarla. Desde entonces, “Lo que te hace grande” no para de sonar en mi cabeza. Mapas, el nuevo disco de Vetusta Morla, llevaba en el reproductor de mi coche desde hace algunos días pero reconozco que apenas le había dedicado un par de escuchas. Ahora no deja de sonar y cada vez me gusta más y me hace reflexionar.

Lo que te hace grande puede ser lo más pequeño. Un simple gesto, apenas un detalle que te mueva a seguir caminando en busca de una meta. Lo que te hace grande es despertarte a las siete de la mañana para salir a entrenar. Es robarle tiempo a tus seres queridos y pasarte la tarde entera encima de la bici. Es poner tu corazón a 180 pulsaciones por minuto y ser capaz de aguantar una serie más. Es calzarte las zapatillas y rodar sin parar bajo el tórrido sol del mes de julio. Lo que te hace grande es renunciar a los placeres del verano, a esa ensaladilla rusa con la cervecita en el chiringuito, al helado playero de media tarde, al refrescante gin&tonic en la terraza de moda, a las altas horas de la noche riendo con los amigos…

Pero también lo que te hace grande es todo lo que recibes a cambio. Lo que te hace grande es comprobar las evoluciones de los entrenamientos. Ir dando pasos para alcanzar tu objetivo. Recibir la aprobación de tu entrenador. El visto bueno de los que te ven correr. El saludo con la mirada de los que se cruzan contigo por la ribera del río. Lo que te hace grande es el respeto que te profesan los que conocen tu objetivo. Es la escucha atenta por parte de amigos a los que les cuentas la intención de acabar el Andalucía Desafío Doñana. Es tener a tu familia en vilo y tranquilizarles cada vez que terminas una carrera.

Lo que te hace grande, muy grande, es encontrarte a Nuria cuando vuelves a casa después de un entrenamiento y que te reciba con una sonrisa y la misma pregunta al abrir la puerta: “¿Cómo ha ido, amorcito?”. En lugar de recriminarte que pases cada tarde lejos de ella, que no compartamos el tiempo libre tomando el sol, se alegra por mí, por mis mejoras, por mis evoluciones. Siento que mi meta es su meta. Y eso me hace muy, muy grande.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s