Sobre ruedas

Hubo un tiempo en mi vida en el que prácticamente usaba más los pedales que mis propios pies. Fue la época en la que aprendí a montar en bici. Lo hice de la misma forma que muchos de vosotros, “engañado” por mi padre. Las mañanas de domingo me acompañaba a un parque cercano a casa para ver mis evoluciones sobre las cuatro ruedas y, de vez en cuando, quitaba las dos pequeñitas de atrás prometiendo que me sujetaría para que yo no perdiera el equilibrio. Pero me soltaba sin que me diera cuenta. Él traicionó mi confianza aunque permitió que volara libre sobre dos ruedas. A partir de entonces, pasaron meses y meses sin que me bajara de mi primera bicicleta, una GAC verde de la que nunca me separaba. Fuera donde fuera, siempre lo hacía pedaleando.

Desde entonces, han pasado muchos años sin volver a montar en bici. Hasta que me he reencontrado con ella en la preparación para el Andalucía Desafío Doñana. Como en mi infancia, afronto ahora un ilusionante aprendizaje sobre las dos ruedas. Ya no se trata únicamente de mantener el equilibrio, sino de saber rodar a un ritmo determinado, adoptar la postura más adecuada, tener una buena cadencia de pedaleo, trazar bien las curvas y, sobre todo, ir cogiendo fondo.

El trazado ciclista del Desafío Doñana es la parte más importante de la prueba y en la que pasaré más tiempo. 169 kilómetros por la provincia de Cádiz que me llevarán unas siete horas si consigo mantener una velocidad media de 30 kms/h. Ése es el objetivo por el que trabajo y en el que más hincapié estamos poniendo mi entrenador Merchán y yo. De ahí que las sesiones en bici sean las que ocupen la mayoría de mis entrenamientos durante estas semanas. Se trata de aumentar la carga de kilómetros y acostumbrar mi cuerpo a esos volúmenes.

Ayer tocaba rodaje de dos horas por el mismo recorrido por el que salgo la mayoría de las veces. Una carretera secundaria por la que no circulan muchos coches, y con un arcén bastante amplio. A la ida pica ligeramente hacia abajo lo que, unido al viento soplando a favor, me hizo pedalear a un ritmo más elevado del que esperaba. Lo malo llegó a la vuelta, en leve subida y el viento de cara. Afortunadamente, los últimos 30 minutos los hice acompañado con un ciclista que encontré y fueron más llevaderos.

A pesar de lo duros que se me están haciendo los rodajes en bici, tengo que decir que estoy disfrutando como lo hacía cuando era niño y quedaba con mis amigos para pedalear juntos. Esto va sobre ruedas.

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