Como pez en el agua

Cada vez que me acercaba al borde de la piscina, era como asomarme a un profundo acantilado. Esa sensación de abismo ingrávito me acosaba implacable, hasta el punto de convertirse casi en una obsesión. Así aprendí a nadar, a base de empujones. El monitor que me enseñó natación tenía maneras marciales más que docentes. Y yo, firme, saltaba para cumplir sus órdenes cada vez que él gritaba. Después tocaba sobrevivir, intentar salir a la superficie de la mejor manera posible. En algunas ocasiones, el miedo escénico podía más y me quedaba bloqueado, ahí, en el filo de esa piscina que era un océano de inquietudes. Así que Formy, que era como se llamaba esa especie de sargento, me arrojaba al agua. Un método poco didáctico, pero efectivo. Con apenas cuatro años empecé a nadar, y mis padres se quedaron tranquilos.

Tres décadas después, me asomo a la misma piscina con idénticas sensaciones. Ahora, el precipicio se llama Andalucía Desafío Doñana. El reto no es aprender a flotar. El reto es aprender a flotar mucho tiempo y muy rápido, lo más veloz que pueda. Para ello, paso más horas de las que jamás hubiera imaginado en el agua. Tantas, que casi siento como si me salieran escamas. Nado a crol, a braza, aguantando la respiración, con palas, sin ellas… De todas las maneras posibles. El objetivo es atravesar la desembocadura del Guadalquivir el próximo 17 de septiembre sin que me arrastre la marea. Cuando me baje de la bicicleta después de 169 kilómetros en el Desafío Doñana, tocará nadar un kilómetro, que puede ser más si no soy capaz de vencer a las corrientes del río.

En esta dura semana de entrenamientos sin descanso, lo que más he hecho ha sido nadar. Lunes, miércoles, jueves, viernes y sábado. Cinco días de siete. No está mal. Lo gordo llega esta tarde, con cuatro kilómetros en la piscina. Una distancia que es prácticamente la mitad del recorrido que hacen los nadadores cuando cruzan el Estrecho de Gibraltar. Así que, cuando me lance a la piscina, me acordaré de aquel monitor que me empujaba para aprender a nadar. Ya no necesito que nadie me anime a tirarme al agua. Tengo suficiente motivación para hacerlo yo solo.

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